Cómo lograr que tus hijos te escuchen.

Si crees que necesitas estas 7 frases y una estrategia para lograr que tus hijos te escuchen, entonces mira si te identificas con las siguientes preguntas:

¿A veces sientes como si te pasaras el día entero cual repetidora?

¿Te oyes a ti misma y es siempre una orden tras otra?

¿Sientes como si la mayor parte del tiempo estás con la palabra NO atravesada en todo lo que le dices a tus hijos?

Pues yo muchas veces también me siento así.  Me oigo, no cuando lo digo yo, sino cuando oigo a mis hijos usar frases o expresiones que definitivamente es a  mí a quien oyen decirlas y las repiten.

En estos días mi niño pequeño le dice al grande:

“¿Cuántas veces te he dicho que me devuelvas mi carro? ¿Es que tú no escuchas?”

Ugh!! Eso fue la muerte para mí porque me hizo tremendo espejo y no me gustó para nada cómo me veía.

Yo no quiero ser la mamá que siempre suena como si se estuviera quejando, reclamando, negando a cada minuto cada cosa y cuyos hijos sienten que siempre es más de lo mismo y simplemente dejan de prestar atención y NO ESCUCHAN.

Sin embargo, tengo que poner límites, negar cosas, exigir hasta cierto punto y demás.

Entonces, ¿Cómo lograr cumplir mi papel sin convertirme en “La Malvada Sra. NO”? .

Pues descubrí que es exactamente igual que como haces cuando quieres comer más saludable:

SUSTITUYENDO.

Sustituir cumple su objetivo si logro:

  • Conseguir el resultado que deseo diciendo las cosas de otra forma.
  • Modificar palabras dentro de la idea para comunicarme mejor.
  • Ser consciente de lo que quiero decir, de lo que digo y de cómo lo digo.

Y si lo vemos como una estrategia, cual ingenieras en crianza que somos todas, sería la siguiente:

“Usar las palabras y el tono adecuado para lograr que tu hijo haga algo específico”.

Ahora compartiré con ustedes algunas ideas de sustitución aplicadas en casos muy comunes y ya luego ustedes las usarán como guía para todo.

7 frases que puedes modificar diariamente

  1. “No hagas eso”        – sustituído por:    “Trata de hacer ésto (o de hacerlo diferente) a ver qué tal”. 
  2. “Date rápido”              – sustituído por:      “¿Quieres que te ayude?”.
  3. “Estoy ocupada”       – sustituído por:      “Dame un momento para terminar ésto y después voy contigo”.
  4. “Deja de llorar”       – sustituído por:      “Sé que te sientes triste (o enojado) por lo que pasó, ¿Te ayudo en algo?”.
  5. “No…”                           – sustituído por:      “Si continúas haciendo eso te podrías hacer daño”.
  6. “Tú no escuchas”      -sustituído por:      “Necesito que me pongas atención en este momento”.
  7. “Tú no aprendes”    – sustituído por:     “Yo creo que ya sabes lo que debes y no debes hacer en esta situación”.

Si nos ponemos a escuchar lo que decimos, podríamos encontrar cientos de oportunidades de sustituir, no sólo con nuestros hijos sino con el mundo.

Le dejo esta idea para que partan de ahí y nos embarquemos en esta tarea de criar de manera consciente.

La forma en que hablamos hoy la aprendimos (no nacimos sabiéndola) e igual podemos aprender otra manera y de eso se trata todo ésto.

La pregunta ahora sería ¿Para qué el esfuerzo?

Un niño que se siente respetado en su dignidad, valorado como individuo, que se le permite llegar a sus propias conclusiones, que se le permite reconocer cuando necesita ayuda y que la puede pedir.

Un niño al que se le muestre que sacas tiempo para él, que se siente guiado y que se siente importante como ser humano, en vez de sentirse constantemente reprimido, negado, reprochado y silenciado va a desarrollar una mejor imagen de sí mismo, una autoestima más alta, se va a sentir más seguro y confiado en su propio criterio.

Un niño que se siente así con sus padres va a responder mucho mejor a lo que les piden que haga, aún el prefiera seguir en lo suyo, al niño que se le explica, que se le deja pensar, que se le ofrece opciones será un niño capaz de tomar mejores decisiones cuando lo tenga que hacer sólo.

Un niño que se siente amado y respetado reaccionará más positivamente a lo que sus padres le pidan que haga.

Muchas veces las reacciones y la rebeldía excesiva nacen de necesidad de una atención que no se está recibiendo y cuando llegamos ahí nos desesperamos porque se nos acaban los recursos y vienen los castigos, las amenazas, las pelas.  Hay que evitar ese extremo cada vez que podamos.

Creo que al final, todas queremos lo mismo: armonía en nuestra casa, poder educar en un ambiente sano y contribuir a que nuestros hijos crezcan y maduren para enfrentar la vida siendo buenas personas.

Ahora sabemos que con pequeños cambios en nuestra forma decir las cosas cambiamos muchísimo la manera cómo ellos perciben lo que les pedimos.

Hay que armarse de mucha paciencia y practicar cada vez que podamos para convertir esta nueva forma de hablar como la que nos salga natural.

¿Algunas ideas?

¿Se te ocurren otras frase en las que podemos sustituir?

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14 Comentarios

  1. Marlyn
  2. MashaB

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