La gratitud en la adversidad

La gratitud ha sido científicamente probada como precursora de personas más felices.

Un adulto agradecido tiende a ver la vida de manera más positiva y orientada a alcanzar su potencial como persona.

Pero no es hasta el 2006 que se empezó a estudiar la gratitud en los niños como un factor importante en la sensación de bienestar y de sentido de logro.

En conclusión, diversos estudios sugieren que la gratitud no sólo ayuda a formar, mantener y fortalecer relaciones de apoyo mutuo, sino que ayuda a las personas a sentirse conectadas a una comunidad que los aprecia y acoge.

En adolescentes que viven la gratitud como un valor, se ha confirmado que son generalmente personas más felices, optimistas, tienen mayor apoyo de su comunidad y se sienten más satisfechos con la escuela, la familia, sus amigos y ellos mismos.

Y ya, conociendo un poco sobre los grandes beneficios ser agradecidos en nuestros hijos queda la pregunta:

¿Cómo fomentar la gratitud en su filosofía de vida?

1. Practícala tú:

Tu ejemplo, tu actitud, tus palabras van a darles las pautas para ser agradecidos en la vida.

Escuchándote dar las gracias por las cosas sencillas: que alguien te traiga un vaso de agua, que te ayuden con las cosas del supermercado, que te pasen algo que se te cayó.

Agradecer el servicio que recibes de otros muestra que lo reconoces y aprecias como tal y moldea en ellos formas en las que puede también servir y ayudar a los demás y que serían de valor.

2.  La oración o meditación:

Independientemente de la religión o la religiosidad, practicar la oración o la meditación es una de las formas por excelencia para enseñar a los niños la gratitud.

Orar enfocándose en la gratitud los ayuda a conectar con los detalles de lo que está a su alrededor y los hace conscientes de que están ahí.

Cuando agradecen juntos el nuevo día, la comida que está en la mesa, la familia que tienen, etc.  enseñan a su hijo a que no dé por hecho y merecido lo que tiene el privilegio de tener, sino a que se sienta agradecido por tenerlo.

3. El servicio:

Pudiera sonar contradictorio que servir a otros fomente la gratitud, pero sí lo hace.

Cuando una persona ayuda a otra de manera desinteresada, lo hace porque conecta con las necesidades del otro.

Al hacerlo, también experimenta la visión de una vida sin eso que tiene su prójimo y que, como él si tiene, puede ayudar.

En los niños pudiera ser: prestar un lápiz, compartir la merienda, ayudar a estudiar a alguien que no entiende un tema, llevar a un niño a la enfermería porque se sienta mal.

Y eso nos lleva a un niño que, practicando los dos puntos anteriores, puede reconocer sus privilegios, su posición de dar de lo que tiene y de lo que puede dar y ser consciente de agradecerlos.

Ahora, es relativamente fácil agradecer en situaciones cotidianas pero, cuando las cosas han sido particularmente difíciles,

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¿Cómo le enseñamos a los niños a practicar la gratitud?

En la adversidad está la trampa de que, por querer mantener el optimismo y ser agradecidos con la vida, cerremos el espacio a que nuestros hijos reconozcan y validen lo difícil del momento vivido.

Entiendo que ver un panorama negativo de manera negativa no lo va a mejorar, pero, antes de simplemente agradecer lo que no se ha perdido, vamos a validar lo que sí.

Por ejemplo: se inundó la casa luego de una tormenta y se dañó todo.

No creo que es sano ni lógico simplemente sentar a nuestros hijos y dar gracias porque “estamos vivos”, “porque no se cayeron las paredes”, “porque hay gente que muere de hambre en el mundo”.

Eso sería una especia de saltar pasos y tapar el sol con un dedo, lo que haría de la gratitud una forma de evasión.

Propongo que la gratitud en momentos difíciles surja de manera natural y no impuesta.

Primero, reconociendo la tragedia, la pérdida, la dificultad y validando que duele, que es real, que hubiésemos preferido que no pasara,

Luego, invitar a nuestros hijos a reflexionar sobre lo que sí conservamos, lo que sí tenemos a mano y lo que sí podemos hacer.

La gratitud florece cuando es una respuesta natural a la consciencia que se ha hecho al mirar al alrededor y ver lo que somos y lo que aún tenemos como algo que no se debe dar por sentado.

Y, como la gratitud está orgánicamente unida al servicio, se genera un ciclo que une, que apoya, que nutre y que sostiene las relaciones humanas.

 

 

 

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