Lecciones después de la tormenta

“Lecciones después de la tormenta” es una forma práctica de decir que una persona podría ser marcada por un momento de crisis de manera positiva.

Todos los seres humanos vivimos el estrés de momentos inesperados y difíciles en nuestras vidas.

A medida que crecemos esos momentos pudieran ser más fáciles de superar por nuestro grado de comprensión de la situación, sin embargo, lo que nos permite tener las herramientas para reconstruir o hundirnos en ellos, es la forma en que aprendimos a percibir las crisis desde niños.

Esas crisis que experimentamos en nuestra infancia en dosis pequeñas y con cosas simples, como que se acabó el jugo, ya terminó el tiempo de ver televisión por hoy, se me perdió el dinero del recreo, etc. son el ensayo que nos da la vida para enfrentar tormentas mayores.

Pero a veces, llega un evento como un desastre natural, un terremoto, un huracán, un accidente, un incendio en la casa y es entonces cuando vemos que la “crisis mayor” vino de golpe y hay que enfrentarla.

huracán madres conectadasPara nosotros, como adultos, un acontecimiento dramático es una llamada de urgencia frente a la que tenemos que actuar con rapidez y ser lo más prácticos posibles.

Pero cuando somos padres,  la tormenta se convierte también en un momento de dar el ejemplo a nuestros hijos de cómo enfrentar la adversidad, ser resilientes  y seguir adelante.

En mi familia tenemos una especie de mantra para los momentos más difíciles.  Va por la línea de ejercitar la calma y fortalecer la fe.  Siempre decimos:   “todo pasa”.

Esa actitud de esperanza, y no de histeria ni desesperación, que mis padres nos mostraban en momentos tan cruciales como el Huracán George del 98, cuando nuestra casa se incendió y perdimos todo en el 88 y en cada vicisitud que hemos pasado como familia, es la misma que transmito a mis hijos y que aplico en mi vida de adulta.

Nuestra actitud frente a la crisis marcará a nuestros hijos más que la crisis en sí misma.

Por eso creo que es bueno reflexionar sobre puntos claves que nos ayudarían durante o después de una tormenta a actuar y tomar decisiones con mayor nivel de consciencia:

1. Eres su ejemplo durante la tormenta:

Tu hijo observa y absorbe desde tu forma de hablar hasta las palabras que dices, la urgencia con que manejas todo, la histeria o la calma.

La forma en que tú te manejes le dará a él un marco de referencia sobre cómo actuar el día que le toque a él tener el control.

2. Motiva a tu hijo a que se exprese:

A veces es fácil que en medio de la crisis o la confusión perdamos de vista que hay que tomar aunque sea un minuto para preguntarle a nuestro hijo cómo se siente.

Podríamos asumir que está bien porque está distraído o jugando pero, con sólo hacerles la pregunta, logramos que sepa que lo tenemos pendiente y le damos la oportunidad de expresar lo que no se ve en la superficie.

3. Dale seguridad y confianza:

El estrés no ayuda a nadie, pero en los niños, el daño se multiplica porque no sólo les afecta emocionalmente sino también en su desarrollo.

Es por eso que es importante infundirles seguridad.  No tienes que decir que todo estará bien si no lo sientes, lo que no es auténticos se siente.

Pero sí puedes decirle que, pase lo que pase, van a estar juntos o simplemente que puede contar contigo o confiar en ti.

4. El contacto físico libera:

Nada como un abrazo en momentos de crisis.  Un abrazo conecta a las personas en niveles tan profundos que nivela su química cerebral y le calma la ansiedad.

Abrázalo, practica la contención y respiren juntos y verás que hasta tú sentirás el alivio.

5. Enséñale a tu hijo su poder de transformar:

Hablen sobre las cosas positivas que han salido del momento o, al menos, sobre lo que no se perdió.

Enséñale que en todo hay un aprendizaje, una lección y que él puede transformar la crisis en algo constructivo sólo con señalar algo que haya salido positivo de ella.

Pon el tema, hablen de la tormenta, de la crisis, cuida siempre lo que hablas delante de él y mantén una actitud optimista.

Aún no seas un optimista natural, aprovecha el regalo que te dan los hijos al sacar esa parte de ti para no desmoronarte, al menos frente a ellos.

Pienso que a los niños hay que decirles la verdad, prepararlos planteándoles lo que viene si lo sabemos con antelación (por ejemplo un huracán), pero siempre acorde a su edad y de una manera natural y objetiva.

Enseñarles que en la vida hay situaciones difíciles pero que el ser humano tiene la capacidad de adaptarse y aprender.

Y como padres, tratar de infundirles esa seguridad que necesitan para relajarse, confiar y dejarse guiar ante la adversidad.

 

 

 

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