¿Qué hacer cuando a tu hijo no le gusta leer?

Cuando no le gusta leer, entonces ¿Qué hacemos?.

Una de las evidentes consecuencias  de que a nuestros hijos no les guste leer y que nos hacen querer retroceder el tiempo, es el bajo rendimiento escolar.

En un sistema donde todavía se debe aprender la mayoría del contenido a través de la lectura, el niño que no le gusta leer va cuesta arriba a la hora de ver resultados.

No obstante, creo que el amor por la lectura es como todos los amores, no se puede forzar.

La relación positiva con los libros muchas veces nace por el amor infinito al primer libro que leíste o al que cayó en tus manos en un momento de tu vida en que ESAS eran las palabras o esa era la historia que necesitabas.

No todo el mundo tiene la dicha de sentir placer al leer y en vivir 20 mundos diferentes a la vez a través de cada historia y disfrutarlo.

Sin embargo, cualquiera puede desarrollar el hábito y sí pudiera desarrollar una amistad con la lectura que le permita fluir en su aprendizaje para avanzar en sus estudios.

Para quienes están en la lucha de que sus hijos no quieren o no les gusta leer, aquí les ofrezco algunas ideas para mejorar esa situación y las consecuencias que pudiera traerles:

que hacer si no les gusta leer
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1. El mejor primer paso es el ejemplo:

Ya eso lo sabemos, pues aquí también aplica.  Si en tu casa no hay libros, ni nadie muestra ningún interés, es difícil que tu hijo incluya la lectura en su rutina de vida.

2.  El gusto por leer no se impone:

Lo peor que le puedes hacer a alguien es forzarlo a lo que sea.  Con la lectura es lo mismo. No puedes obligar a nadie a leer El Cantar del Mio Cid o La Divina Comedia.

Poner x tiempo de lectura obligatoria con un libro que tú elegiste sólo aumentará la negación a leer.

Cuando lo tratas de imponer caes en la trampa de que parezca un “castigo”.

Intenta cambiar la percepción de la lectura como algo positivo, relacionándolo con algo positivo: un rinconcito especial, una taza de chocolate caliente, leer recostados unos de otros, comprar un libro como premio a lo que se te ocurra.

3. Dale opciones a elegir:

Trata de dejar que elija temas que le interese: el manual de un equipo técnico, el periódico, un tutorial de cómo hacer algo.

A veces creemos que para validar la lectura tiene que ser un clásico medieval y no es así.

De hecho creo que esa es una de las razones por las que miles de estudiantes se desaniman: queremos que lean cosas que no les interesan.

Una técnica muy buena es llevarlo a la librería y dejarlo que elija un libro que pueda leer por gusto, pudiera ser hasta una vez al mes o cada dos meses para empezar.

Una buena estrategia es motivarlo a que agarre una serie de libros tipo Harry Potter, así leerá más por interés en la continuidad de la historia.

Pudiera también gustarle algún autor y leer más libros de esa persona.

4. Crea el ambiente apropiado para leer:

Si la televisión está todo el día encendida o la música siempre está alta, es difícil concentrarse y sentir la inclinación por tomar un libro.

No quiere decir que lea sólo porque está aburrido, sino que para leer se necesita cierta paz de espíritu que no va a encontrar en el caos.

5. Habla positivamente de la lectura:

Que ellos escuchen de nosotros los comentarios positivos que hacemos sobre la lectura o porqué es importante.

No lo que decimos de otros niños que sí leen, sino lo que decimos de los beneficios de leer de manera sutil y natural.

Por ejemplo: hablar de los libros que te gustaban de niña, decir que estudiar se te hacía más fácil porque leías bien rápido, etc.

Lo ideal es iniciar a nuestros hijos en la lectura desde bebés y creando experiencias positivas a través de ella que sean referentes en el futuro donde libros signifiquen placer, paz, relajación.

De no tener ese beneficio, pues crear las condiciones para crear el hábito de leer será el mejor siguiente paso y el más viable.

Interesarte por lo que tu hijo se inclina a leer es también un punto que les favorecerá a ambos, pues abrirá canales de comunicación y hasta cierta complicidad al descubrir que tienen gustos  en común.

 

 

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