3 señales de que estás subestimando a tu hijo (y ahogando su potencial)

No creo que tu deseo sea andar subestimando a tu hijo.

Aunque a veces ni nos damos cuenta de que lo hacemos.

Fui a una clase de verano para niños a la que fui invitada y me quedo observando a unas mamás que están dándole todas las instrucciones del mundo sobre su hijo al profesor en su primer día de clases.

Ella sabía que él iba a hacer algo que parece que le interesa y que era una buena inversión de dinero pero, hasta ese momento, creo que no le había caído el golpe sino cuando el profesor dijo: el va a estar armando circuitos y modelos en la computadora y luego los va a aprender a convertir en un robot funcional.

Su expresión literal fue: ¡Qué!, ¿Mi hijo?, e incrédula y temerosa como la que más, dijo: ¿Tan chiquito?, No creo que él sepa hacer eso.

El profesor sólo le contestó: no se preocupe que a eso es que él viene, a aprender.

Es el momento en que me puse a pensar en que su expresión la he visto tantas veces, la he puesto tantas veces.

Es la expresión de quien tiene miedo a lo desconocido y siente pánico de exponer a su hijo a algo en lo que no lo puede guiar porque está fuera de su zona de experiencia.

Es en esa situación de temor en la que tendemos a hacer cosas que nuestros hijos pueden entender como que los subestimamos y no creemos que él o ella sea capaz de lograr

Si quieres evaluar si estás subestimando el potencial de tu hijo y por ende, cerrando caminos a su evolución, toma en cuenta estas 3 señales:

  1. Lo llamas bebé, mi niño, chichí de mamá, y otros apelativos que significan que él es pequeño.

No hay cosa que tenga más poder que las palabras.

Cuando no estamos preparadas para aceptar el crecimiento de nuestro hijo tendemos a usar apodos de cariño que nosotras encontramos de lo más lindo y tierno pero que para ellos significa algo bien directo: no estamos cayendo en la cuenta que ya ellos han superado etapas, que son capaces de hacer cosas nuevas, que están al nivel de otros a su alrededor en muchos sentidos.

Sabrás que es un problema cuando tu hijo te diga: “yo no soy un bebé”, “yo me llamo fulano”, “ya yo soy grande”.

Una vez tu hijo diga ésto ya es hora de parar.  Empieza a darle su lugar, ese lugar que se ha ganado con sus múltiples logros en cada etapa de su vida.

Lo mejor que puedes hacer en este punto es llamarlo por su nombre.  No un diminutivo de su nombre, sino su nombre.

Que él vea en este acto tuyo que lo valoras como persona y lo ves como un individuo, no como una extensión tuya o como si te perteneciera (mi bebé, mi pequeño, mi niño…).

En mi caso, empecé a ver cómo mis hijos iban asumiendo esta identidad y lo mucho que los empoderaba cuando pidieron que no los llamara “chiquito” y dejé de hacerlo.  Es un paso bien sencillo pero es enorme.

Algo que también me ayudó a forjar en ellos esa identidad única fue leerle la historia de sus nombres, lo que significaban, por qué los elegimos para ellos y eso les dió un sentido de individualidad único.

 

2. Sólo lo expones a las cosas que conoces o dominas tú.

Es totalmente normal que sientas miedo a lo desconocido.  También a todas nos pasa que nos sentimos intimidadas cuando nuestro hijo nos pregunta sobre algo que no tenemos ni idea y nos asusta que ellos desarrollen intereses tan lejos de los nuestros que no encontremos un punto en común tan fácilmente.

Todo eso es válido y creo que le pasa a la mayoría, sin embargo, cuando sólo expones a tus hijos a las cosas que son cómodas para tí, a las que están relacionadas a tus propios sueños incumplidos o las que tú disfrutas, estás limitando su capacidad de brillar en lo que él es bueno.

Soy partidaria de que lo que mejor te va quedar en la vida es eso que haces con amor.

Cuando un niño desarrolla habilidades en algo en lo que tiene inclinaciones naturales, en la línea de algo que disfrute hacer, en algo que hace por gusto y por horas voluntariamente, pues eso le saldrá tan bien que él lo encontrará estimulante y se enfocará en mejorar.

A veces como mamá, tememos exponerlos al fracaso, a la desilusión, tememos a exponernos nosotras como quienes no comprenden en su totalidad el mundo en que ellos se mueven, y demás… Respira.

Tenemos que sentarnos un momento y pensar que parte de nuestra misión como padres en exponerlos a diferentes experiencias hasta que ellos encuentren la  dirección en que puedan alcanzar su mayor potencial.

Abrirles las puertas, mostrarles las herramientas, brindarles la confianza y el apoyo que necesitan para sentirse libres de crecer y no culpables por desear volar.

 

3. Tratas de convencerlo de que sueñe de manera “realista”.

Una da las formas en que más fuerte le podemos decir a nuestros hijos que no lo creemos capaz de algo es pidiéndole que baje sus expectativas de lo que puede lograr.

Eso es lo que yo llamo decirle que “sueñe de manera realista”.

Cuando nuestros hijos nos expresan un sueño o una idea que tienen con algo que quisieran hacer o lograr tenemos que estar conscientes de que lo único que buscan es confianza en sí mismos.

Si les demostramos que creemos en ellos, en su capacidad de lograrlo y en su derecho de soñarlo, ellos van a reafirmar su potencial.

Si se lo dicen a un amigo, a un profesor o alguien fuera de sus padres buscan algo totalmente diferente.  Buscan lógica, buscan sobresalir, buscan ideas, buscan opinión.

De nosotros no, de nosotros quieren y necesitan reafirmación, no de su sueño sino de su persona.

Es verdad que muchas veces podríamos pensar que está idealizando algo o que no ve el conjunto de los factores, pero tengamos en cuenta que es un niño, que está descubriendo, que está explorando y a medida que va madurando su idea va a ir considerando puntos y va a ir ajustándolo a lo que paulatinamente funcione para él en su momento.

En conclusión escribí este artículo porque creo firmemente en que como padres estamos llamados a cultivar los sueños en nuestros hijos, a ser la voz que reafirme su ser individual y a convertirnos en la principal fuente alimento de esa confianza en sí mismos que ellos necesitan para alcanzar su potencial.

 

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