La realidad oculta detrás del time out y porqué no lo uso.

El time out es una de las prácticas más arraigadas entre los padres modernos.

Parecería tremenda alternativa para manejar esas situaciones difíciles cuando no logras que tus hijos hagan lo que deseas.

Obviamente se ve mucho mejor mandar a tu hijo a su rincón de pensar sin maltratarlo físicamente que tomar una correa y darle una pela.

También se ve mucho mejor usar el time out que tener a un niño haciendo una rabieta y sentarte con él en el piso, darle su momento, darle su espacio y luego que ya él esté listo, entonces abrazarlo para que salga su dolor y frustración para luego hablar sobre la situación y las opciones para una próxima ocasión.

Nuestra generación está en el medio entre lo que es el puro castigo físico y emocional y el no usar el castigo como forma de disciplinar, quedándonos en el punto de sólo ocasionar daño emocional y mental tratando de convencernos de que no lo estamos haciendo.

Yo creo que el time out, aún siendo un paso hacia adelante, nos amenaza en convertirnos en una sociedad desconectada emocionalmente y, si no hacemos una parada y reflexionamos en ello, nos podríamos quedar ahí sin evolucionar.

Estoy convencida de que la mayoría de padres en el mundo aspiramos a encontrar una forma de criar sin maltratar ni física ni emocionalmente.

Vamos a ver qué es lo que sucede en realidad con el time out:

Tu niño hace una rabieta, tira algo al piso, le habla mal a alguien, no recoge su plato de la mesa y se pone a llorar o simplemente hace algo que ya le has dicho anteriormente que no haga, entonces le dices que si no hace o si no deja de hacer tal o cual cosa lo vas a mandar a su rincón.

El niño no cede y, para darle una supuesta oportunidad, le cuentas hasta 3 y de ahí directo a “pensar”.

Y ahí mismo, en ese punto de que el time out es para que “piense en lo que hizo”, voy a hablar sobre las tres verdades ocultas del time out y porqué no lo aplico con mis hijos:

1. Un niño no puede aprender cuando se siente solo y frustrado.

Imagínate que estás pasando por tu peor momento.  Te sientes furiosa, frustrada, no encuentras cómo solucionar la situación, para colmo se te salen las lágrimas delante de todo el mundo y llegas a un punto tal que lo único que haces es seguir tu ira y comportarte totalmente irracional.

Ahora, imagina que tu mamá (así adulta como estás) en vez de seguir su instinto natural de preguntarte qué te pasa, de consolarte, de ayudarte en ese momento y sobre todo de acompañarte, te dice: “si no te callas a la cuenta de tres te vas a esa silla a ver esa pared en blanco para que aprendas”.

Y yo me pregunto: ¿Aprender qué?

¿Que cuando lloro me hacen una cuenta regresiva?

¿Que cuando no hago las cosas que mi mamá quiere ella me aparta de ella y me deja sola?

¿Que cuando me siento frustrada no me puedo expresar sino ahogar mis emociones en una silla o en una pared?

Definitivamente no va a aprender nada sobre la situación en sí porque para eso tiene que entenderla primero y los niños pequeños no están en la capacidad de decodificar sus emociones solos, nosotros tenemos que guiarlos.

No basta con decirles que no hagan algo, hay que ayudarlos a que ellos busquen otras opciones de cómo actuar frente a situaciones similares cuando sucedan otra vez.  Ellos no nacen sabiendo, para enseñarles nos tienen a nosotros.

 

2. El time out le enseña al niño que el amor es condicional

El meta mensaje es el siguiente:

“Si haces lo que yo digo cuando yo quiero y todo sale como yo esperaba, entonces te acepto.

Si no, te rechazo y te rechazo tanto que no puedo ni verte y por eso te mando lejos de mi.

Así que si quieres que te quiera y esté cercana a ti tienes que “portarte bien”, “ser buena niña”, “hacer lo que espero de ti”, “lograr lo que quiero que logres”.

Si eres una “niña mala’, “malcriada”, “contestadora” entonces no tienes cabida en mi vida en este momento.

En conclusión, mi amor hacia ti, mi aceptación y mi cercanía, está condicionada a lo que tú hagas para agradarme, a lo que tú seas en cada momento.”

¡Qué mensaje tan fuerte le damos a nuestros pequeños!

¡Cuánta distancia ponemos!

Vale la pena pensar en qué queremos lograr cuando priorizamos la obediencia de nuestros hijos por encima de sus necesidades.

Podemos contar con una mano las personas que sentimos que amamos incondicionalmente y seguro que nuestros hijos están entre ellas.

Definitivamente no es por falta de amor que tomamos este tipo de medidas, sino por falta de consciencia de cómo nuestro niño, en sus emociones en pleno desarrollo, las interioriza y cómo lo marcan para la vida.

 

3. Si ni siquiera sus padres lo aceptan en su peor momento, ¿Quién lo hará?

Un niño en medio de una rabieta, un adolescente en medio de una etapa renegada e incluso un adulto pasando por una crisis, necesitan saber que en el mundo hay alguien que es capaz de verlos rodarse por el fango emocional y no juzgarlos, no condenarlos, no criticarlos y sólo estar ahí para ellos.

¡Qué difícil es para un niño sentirse abandonado por sus propios padres en medio de una crisis!

Crecer con ese vacío de sentir que no cuenta con nadie de manera segura cuando las cosas se pongan difíciles, que está solo frente a la adversidad.

Si su núcleo central de vida lo abandona, las personas que se suponen que lo aman por encima de todo, ¿Qué esperar del mundo?

Tantas personas inseguras, tantas personas temerosas, tantas personas solitarias, tantas personas retraídas que surgen día a día por estas desconexiones emocionales que practican miles de padres alrededor del mundo sin hacer consciencia de lo que se oculta detrás.

Si tu has usado esta técnica del time out y este escrito ha despertado en ti algunos sentimientos, no quiero que te sientas culpable.  No te juzgo para nada.  Yo también las intenté y por eso escribo hoy, porque vi lo lejos que me ponía de mi hijo y así no quería que fuera nunca más.

La mayoría de nosotros, nuestra generación, fue criada en base al método de castigos y recompensas y, si fuiste de las que les dieron sus pelas, es lógico que sientas que a tus hijos les va mejor que a ti.

Pero, una vez uno llega a reflexionar sobre algo y a ver otros puntos de vista y a ampliar la perspectiva, pues tiene más herramientas para tomar mejores decisiones en lo adelante.

Lo que más me gusta de practicar una crianza basada en la conexión es que en cualquier momento puedes tomar medidas o actitudes e incluso aplicar técnicas que te van a permitir sanar y reparar el lazo emocional que te une con tus hijos.

Una alternativa al time out es ponerte en el lugar de tu hijo, practicar la empatía, escucharlo, acercarte, abrazarlo, armarte de paciencia y confiar en tu instinto natural de acompañarlo.

Tratar de dejar de ver a tu hijo como a alguien que “tienes que enderezar a tiempo” y más como un ser humano que confía en ti más que en nadie para que lo guíes a descubrirse a sí mismo mientras se prepara para una vida independiente de ti.

 

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