¿Cómo corregir a un niño que NO es tu hijo?

Estás de lo más emocionada preparando una tarde de juegos para tu hijo que por primera vez recibe amiguitos a su casa o, no es tu primera vez, pero ya tienes tu estrategia de manejar un grupo de niños cargados de adrenalina y te sientes cómoda con eso.

Sea como sea hay algo que no calculas hasta que te pasa y entonces te das cuenta:

¿Cómo corregir a un niño que no es tuyo?

Los tuyos los corriges como consideras según todos los factores que influyen en ti, tu misma crianza, lo que quieres hacer de la crianza de tus hijos, el tipo de relación que tienen, la dinámica familiar en sí, pero NADA de eso aplica cuando el niño no se ha criado contigo y no lleva un arduo camino recorrido para establecer ciertos parámetros de comportamiento a tu manera.

Te voy a pintar el panorama: llega este niño que se sienta en la mesa con todos a comerse una pizza y porque no le gustó que la de él tuviera aceitunas entonces coge el plato y lo tira al suelo.  ¿Qué haces?, ¿Qué dices?

Tu hijo, que está ahí y ve la escena, sencillamente se queda en shock, no puede creer que alguien tiró un plato de la mesa, nunca había visto algo así y, con aire de incredulidad mezclado con expectativa, te mira fijamente esperando tu reacción.

O te puede pasar que llega esta niña de lo más dulce y tierna pero al primer encuentro cercano del tercer tipo oyes que floja tremenda palabrota nunca antes articulada por otro ser vivo bajo tu techo y entonces intentas decir algo, pararla ahí y que tu hija sepa que esa no es forma de hablar pero, ni bien empiezas con el mini sermón, la niña se ofende y arranca a llorar como si la estuvieran matando.

Resulta que a ella nadie nunca le dice qué hacer ni qué no hacer o sencillamente no entiende porque en su casa eso es de lo más normalito y ahí estás pensando qué decirle a su mamá o, peor aún, qué le dirá ella.

Éstos son sólo dos ejemplos de situaciones comunes pero, si eres una mamá que anda con el grupete de amigos de tus hijos como mochilas, sabrás que hay cientos que van por la misma línea.

Todas las familias tienen sus principios, valores, ideales y formas de abordar las situaciones.  No van a haber dos familias que crien exactamente igual, por ésto, aunque los amigos más cercanos de tus hijos, los que ya él mismo ha ido depurando en base a con quienes se compenetra mejor, tengan valores similares, habrán diferencias.

Ese niño va a hacer algo con lo que no estás de acuerdo y sus padres sí y eso ante los ojos del niño debe ser respetado, sin embargo, respetado no quiere decir que sea aceptado.

A continuación te doy unas cuantas ideas para manejar estos casos donde niños “ajenos” comparten contigo y básicamente tú no quieres ni poner a un niño a llorar ofendido ni ganarte a unos papás de enemigos por algo que se da en una tarde de juegos.

1. Lo primero es que tu propio hijo conozca y entienda las reglas del juego:

Hoy vamos a recibir a tus amigos en casa.  El área para jugar es ésta, no pueden tirarse del camarote, si quieren algo de comer pueden tomarlo de aquí, no se dicen malas palabras, no salir a la calle y si necesitan algo me dicen.

Si tu hijo está claro, como anfitrión, será el líder y es muy probable que guíe efectivamente a sus amigos.

Tampoco es un campamento militar así que manten sólo en pie las reglas de vida o muerte y con las otras trata de ser flexible

2. Conocer a los papás ayuda bastante:

A veces tienen una fiestecita y no siempre vas a conocer de manera personal a todos los papás pero definitivamente conocerlos ayuda.

Preséntate y sutilmente déjales saber que tienes reglas y que los niños la deben respetar para su propia seguridad.  Suéltales dos o tres y verifica que estén de acuerdo o al menos te den una luz sobre su propio hijo.

Algunos te podrán decir: “Así mismo es en casa, ya él sabe”.

Otros te dirán: “Deja hablar con él/ella”.

Y siempre habrá uno que te mire raro, talvez crea que estás loca.  Ya sabes que al hijo de ese tienes que echarle el ojo.

3. Respira y contrólate:

Si vas a andar con niños ese es el pan nuestro de cada día.  Cuando lo aplicas a niños ajenos va el doble.  Antes de hablar, calma la ira y háblale con firmeza sobre las reglas.  Nunca a manera personal, pues no deberías herir deliberadamente a ningún niño.

No es que apoyes un mal comportamiento, es que entiendas que es un niño al que le falta algo que tú le diste a tus hijos y él no tiene, así que no lo puede interpretar igual.  Si dijo una mala palabra y a tí no te gustan, ni tus hijos las dicen, no lo juzguez.  No sabes si en su casa se las celebran.

Míralo con respeto y, de acuerdo a su edad, dile que ese tipo de palabras no se usan en tu casa y que no quieres que él la vuelva a repetir.  Refiérete al hecho no a su persona.

4. No lo amenaces.

Nada de decir:“Malcriado, grosero, se lo voy a decir a tu mamá”.

“Si te vuelves a tirar de ahí voy a llamar a tu papá para que te venga a buscar”

Eso es lo peor que puedes hacer.  Te quitas tú misma la autoridad cuando debes tenerla de manera absoluta.

Es bueno que caigas en la cuenta de que mientras sus padres no estén TU eres totalmente responsable de ese niño y es a tí a quien deben respetar.

Y por otro lado, si el niño está en una dinámica familiar donde molestar a su mamá/papá sea la forma de captar su atención, llamar para que venga a buscarlo sería para él como sacarse el lotto del día o, si lo que siente es temor por lo que le vayan a hacer, mide si en realidad es necesario aterrorizar a un niño cuando tú estás en control.

5. Evalúa:

Dale la oportunidad a todos los niños con los que tu hijo se quiera relacionar, pero si tienes un reincidente en conductas dañinas o inadecuadas para tí lo primero sería hablar con sus padres.

Unos reaccionarán positivamente y otros no.  Si crees que lidiar con el comportamiento de ese niño en tu espacio es algo que no puedes manejar en este momento, pues empieza a crear distancia.  Con los niños pequeños es muy fácil porque sólo tienes que dejar de invitar o no promover las juntaderas con el sujeto en cuestión.

Ya cuando son grandecitos, se duplica el trabajo pues no eres tú, sino tu hijo, que con tu ayuda, tiene que desarrollar la habilidad de discernir cuáles amistades le suman y cuáles le restan.

En resumen te diría que:

  • Definas y comuniques claramente tus reglas inviolables.

  • Trata la conducta y no al niño.

  • Háblale con respeto y con palabras claves y precisas.

  • Si se sale de control comunícate con sus padres.

  • Recuerda que tu hijo esta observando.  Coherencia y prudencia.

Y como un bono, generalmente los niños se comportan mucho mejor con otros adultos y fuera de casa que con sus propios padres.   Al menos eso decían de uno.

Queremos oir de tí

¿Has tenido experiencias desagradables corrigiendo a otros niños?

¿Que lecciones te han quedado?

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