Cómo motivar la lectura en tus hijos: una historia personal

Cómo motivar la lectura en tus hijos: una historia personal

Desde pequeña me ha fascinado leer.  Leía desde clásicos tipo David Copperfield de Dickens, hasta paquitos de Memín.  No me pasaba una letra por delante sin que la leyera.  Mi escenario ideal era subirme a una mata, en una buena rama y leer horas muertas sin que nadie supiera que yo estaba ahí.  Mi libro y yo, sin interrupciones.

Mi amor por la lectura indiscutiblemente tiene una influencia en mi deseo de que mis niños le agarren el gusto y lo tomen con pasión.  Sin embargo, la inclinación por perderse en un mundo de letras no es algo con lo que se nace, sino que, como todo en este mundo de la crianza, se aprende con el ejemplo.

Pensándolo fríamente, yo amo leer por dos razones: veía a mi papá leer en la casa con actitud de que era algo placentero y siempre tuve acceso libre a los libros.

En mi casa me compraban desde enciclopedias infantiles hasta revistas de Condorito, muchos libros de cuentos, muchos libros de ciencia, muchos libros de entretenimiento, en fin, de todo un poco.  Aprendí los países y sus banderas con la Enciclopedia La Cumbre y mucho de nuestra historia con la Enciclopedia Dominicana que leía por el gusto de leer.

Tal fue el hábito que desarrollé que si no leía antes de dormir me soñaba pesadillas.  Creo que en mi subconciente algo se quedó vinculando la lectura de LO QUE SEA antes de dormir con la relajación que necesitaba.

Ya de adulta a veces veo personas de mi edad que su ralción con los libros es como si mordieran.  Un día me puse a reflexionar sobre eso y me llevo a una teoría:

Aún hayan tenido unos padres analfabetos y no hayan visto el ejemplo, es muy probable que el factor más determinante fue que no hayan tenido libre acceso a los libros o a la lectura en sí, independientemente del estrato social o la posibilidad económica.

Recuerdo casa de amigos míos con estantes gigantes llenos de enciclopedias como La Cumbre y La Quillet cual Monalisa en plena exhibición.  Simplemente no los dejaban ni tocarlas.

Descendientes de una generación que vivió muchas precariedas, muchos crecimos viendo los libros como tesoros intocables que aparentemente sevían para decorar una parte de la casa.

Nuestros padres compraban colecciones de enciclopedias pagándolas a plazos (toda una inversión) y no es verdad que iban a permitir que un niño, que no iba a tener ni idea de lo que estaba leyendo, las manipulara o maltratara.

Si de pequeños nos compraban algún cuentecito que,  lógicamante luego de leerlo no nos interesaba más,  la respuesta era no comprarlos más porque no lo cuidábamos.

Me pongo en los pies de un niño pensando: “Si ya lo leí, para qué lo querría guardar o cuidar”.

Ese poco acceso a los libros nos impedía disfrutar la experiencia de leer y, por tanto, de desarrollar el gusto por la lectura, del que se deriva la comprensión de su relevancia como bien material, de lo que se deriva el cuidado.

Leer es tan importante en todos los niveles cognitivos que, si hacemos conciencia de eso con nuestros niños pequeños, podremos darles la oportunidad de desarrollar su potencial intelectual (entendiendo el proceso del razonamiento, siguiendo una narrativa, identificando los elementos de la historia, llegando a sus propias conclusiones e incluso la memoria) y  les regalamos, además, una vida llena de todas esas emociones que sólo se viven a través de un buen libro y una buena historia.

Además, lograr desarrollar en nuestros hijos el hábito de lectura es crucial para su éxito en la etapa escolar.

Así que tenlo presente: para que tus hijos desarrollen el gusto por la lectura debes hacer dos cosas básicas (independientemente de que te vea leer o no)  aunque la condicón de seguirlo por el ejemplo hace todo más natural y esencial.

1. Dale libre acceso a los libros de la casa en un lugar visible y a su alcance (descuida, que él acabará cuidándolos más que tú).

2. Cómprale libros adecuados a su edad para cada etapa de su vida, en una gran variedad de temas y dale la libertad de que los explore. Si lo forzas a leer sólo lo que es tarea, nunca va a grabar la experiencia en su chip como algo positivo.

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